lunes, 19 de enero de 2015

Imagine que esta noche, en los aseos de un restaurante, encuentra casualmente uno de los últimos «smartphones» disponibles en el mercado. ¿Qué haría? ¿Se compadecería de su dueño y lo devolvería o, por el contrario, lo guardaría en su bolsillo sin más, como si nada hubiera ocurrido?